DFV de l'assignatura Història d'Amèrica

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jueves, 22 de agosto de 2013

Fuentes literarias y cinematográficas.para la América del siglo XX (Ii)

El siglo XX (II): la Guerra Fría y sus secuelas en el norte y en el sur. La secuencia revolución-dictadura-democracia en América Latina. Los EUA: del 11-S al Tea Party.


Lecturas literarias recomendadas

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-      Arturo Fontaine (2010): La vida doble, Barcelona, Tusquets Editores.

«Irene» o «Lorena», nunca sabremos su verdadero nombre, es una combatiente de Hacha Roja, organización revolucionaria armada que –como otras en la América Latina de ayer y de hoy– se inspira en la épica del Che Guevara. Estamos en los tiempos más duros de la dictadura de Pinochet. Irene participa en el asalto de una casa de cambio, pero la policía secreta desbarata la operación e Irene cae prisionera. Durante veintinueve días es interrogada y torturada con crueldad y método en las mazmorras de la central de Inteligencia, pero ella se comporta como se espera de una mujer adiestrada para la lucha clandestina: soporta sin comprometer ni a la organización ni a sus compañeros. Finalmente, es dejada en (supuesta) «libertad provisional». Pero Irene guarda más de un secreto: es una mujer que se enamoró y amó y tuvo una hija, Anita, que ahora tiene cinco años, información que no debería caer en manos de la policía. Cuando poco después Irene vuelve a ser detenida, su vida dará un inesperado vuelco, y el sentido de palabras como verdad y mentira, amor y rencor, lealtad y traición, empezarán a confundirse peligrosamente.




-      Carlos Cerda (1996): Una casa vacía, Madrid, Alfaguara.

La novela descubre interrogatorios y violaciones a los derechos humanos en el chile de Pinochet. Amargura, soledad, vacío. Un exiliado que ya no desea volver a vivir en una patria ajena, desteñida por el capitalismo, la indiferencia. Un matrimonio que descubre, gracias al recuerdo de una de sus amigas, de profesión abogada, que habitan una casa que fue refugio de torturas, violaciones. Horror que termina con la falsa relación de pareja que pese a la casa y por la casa no logran superar la incomunicación que los hace ajenos, diferentes. Nada que hacer nos dice Carlos Cerda, el dinero no puede mejorar las relaciones quebradas y los recuerdos son inútiles por más bellos que sean para los seres humanos. El rompimiento de las relaciones es proporcional a la hiel de los recuerdos: a mayor amargura, mayor separación. Más inservibles aún al producirse, estos recuerdos, bajo el techo de una casa que rebosa barbarie injustificada. Agreguemos que los amigos, las amistades de ambos protagonistas, han sufrido cambios inherentes al paso del tiempo. Novela de relaciones quebradas, irreparables por el poder del dinero, y el poder de los recuerdos, relaciones imposibles de restaurar por la buena voluntad de los amigos. 

-      Carlos Monsiváis (1987): Entrada Libre.

En el libro de crónicas Entrada Libre. Crónicas de la sociedad que se organiza, editado en 1987 luego del terremoto que golpeó a Ciudad de México en 1985, Monsiváis toma en consideración el concepto de sociedad civil que contrarresta tajantemente al tradicional de masa. Se trata de una sociedad comprometida y solidaria frente a la inoperancia del Estado y a las adversidades; es la sociedad que se levanta y se organiza a sí misma con total entereza para reclamar sus derechos civiles o para actuar a través de su propia capacidad de movilización. Y junto al compromiso civil está la otra cara, a saber, la del seguimiento de las normas de la diversión y del sentimiento nacionalista, como Monsiváis trae a escena dentro del mismo libro en la  crónica “¡¡¡Goool!!! Somos el desmadre”, referente al Mundial de fútbol de 1986.

-      Carlos Rangel (1975): Del buen salvaje al buen revolucionario.
El principal mito a rebatir por Rangel es lo que él identifica como una versión adaptada del mito del buen salvaje y la Edad de Oro - mitos del Viejo Mundo - en la que los latinoamericanos serían personas buenas pero corrompidas por la sociedad occidental que ha destruido sus valores originales y de la que habrá que liberarse por medio de revoluciones que alejen a América Latina de Occidente y reestablezcan una identidad perdida y distinta de la occidental. Esta mitología sería el resultado de un proceso compensatorio ante el fracaso histórico de las naciones hispanoamericanas frente al progreso de la europea y la norteamericana que en algunos casos partieron de iguales o peores condiciones. El autor emplea en el libro análisis en el campo de la historia, la psicología y filosofía. Rangel no niega que América Latina haya sufrido vejaciones a lo largo de la historia, lo que rechaza es el victimismo nacionalista que traslada toda culpa del subdesarrollo a otras naciones y la existencia de una identidad latinoamericana diferente de Occidente. La errada visión de América Latina como víctima del mundo desarrollado y de las clases pudientes ha forjado un personaje tipo, el "buen revolucionario", que promueve el populismo, el proteccionismo, el caudillismo y el autoritarismo como solución para la región en "venganza" por los males recibidos por los occidentales, personaje al cual se le ha disculpar sus exabruptos en nombre de su "buena causa". Para el autor, la revolución, el populismo y la idolatría del Estado del "buen revolucionario" latinoamericano no son más que la continuación de los males que ya existían en las sociedades precolombinas, la Colonia y las repúblicas decimonónicas, por ende ese camino no corrige sino que agravaba esa herencia. Carlos Rangel hace un alegato a favor de los valores occidentales odiados por el "buen revolucionario" a los que, según el libro, tontamente se culpa de los males de las naciones hispanoamericanas. La salida al estancamiento de América Latina - a la que Rangel prefiere llamar América Española - es para el autor el acercamiento a Occidente, del cual es parte, a través del liberalismo y sus valores favorables a la soberanía individual, la igualdad ante la ley, la propiedad privada, y la libertad sin adjetivos, y que este camino es el que conduce a la prosperidad como precisamente demuestra la sociedad occidental.

-      Don DeLillo (2009). Submundo. Seix Barral.

El 3 de octubre de 1951 un estadio de Nueva York fue escenario de un partido de béisbol legendario que culminó en un grito colectivo cuando, en el último momento, los Giants consiguieron una inesperada victoria. Ese mismo día la Unión Soviética probaba la bomba atómica. Éste es el punto de partida de Submundo, en palabras de Salman Rushdie, «un libro magnífico de un maestro americano». Don DeLillo relata en su novela más emblemática cincuenta años de historia estadounidense, y nos ofrece una visión única del alma de la sociedad moderna: sus miedos y obsesiones, sus esperanzas y deseos, sus logros y frustraciones. Desde las grandes salas de baile de Nueva York hasta los bombardeos de Vietnam o la Guerra Fría, figuras que marcaron una época se mezclan con seres anónimos y juntos iluminan los secretos de nuestra era. Considerada por el New York Times como una de las cinco mejores novelas estadounidenses de los últimos veinticinco años, Submundo es una obra de arte polifónica que acepta todos los desafíos, un clásico contemporáneo de ambición inigualable.

-      John Dos Passos (2006-07). Trilogía USA (Paralelo 42 / 1919 / El gran dinero). Nuevas Ediciones de Bolsillo / Edhasa.

En el amplio fresco narrativo que constituye USA, Dos Passos intenta dar fe de lo que fueron lo Estados Unidos en las primeras décadas del siglo, y los hace valiéndose de tres tipos de textos: los llamados Noticiarios, en los que recoge noticias verídicas de esos años, el Ojo de la Cámara, en el que muestra en tromba una perspectiva original de los pensamientos y sentimientos de los personajes, y la parte novelesca propiamente dicha, en la que va siguiendo las correrías de personajes de muy diversa condición social, que en algunas ocasiones se cruzan, se encuentran y se separan, un poco del mismo modo que los de Manhattan Transfer. De esta manera consigue mostrar muy diversos aspectos de las diferentes zonas (tanto geográficas como sociales) de un país tan inmenso y heterogéneo como los Estados Unidos.

-      Mario Vargas Llosa (2000), La fiesta del chivo, Madrid, Alfaguara.

El libro se ubica en la República Dominicana y retrata el asesinato del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, y sus secuelas, desde dos puntos de vista con una generación de diferencia: durante e inmediatamente después del asesinato en sí, en mayo de 1961, y treinta y un años más tarde, en 1992. En todo, también hay una amplia reflexión sobre el apogeo de la dictadura, en la década de 1950, y su importancia para la isla y sus habitantes. La novela sigue tres líneas narrativas entrelazadas. La primera se refiere a una mujer, Urania Cabral, que está de vuelta en la República Dominicana, después de una larga ausencia, para visitar a su padre enfermo, y que termina recordando los incidentes de su juventud y revelando un antiguo secreto a su tía y primas. La segunda historia se centra en el último día en la vida de Trujillo desde el momento en que se despierta en adelante, y nos muestra el círculo interno del régimen, al que el padre de Urania, una vez perteneció. La tercera historia describe a los asesinos de Trujillo, muchos de los cuales habían sido leales al gobierno, mientras esperan el coche del Presidente tarde esa noche. Después del asesinato, esta historia nos muestra la persecución a los asesinos. Cada aspecto de la trama del libro muestra una visión diferente sobre la República Dominicana su entorno político y social, el pasado y el presente. Se muestra a los lectores la espiral descendente del régimen, el asesinato de Trujillo, y sus consecuencias a través de los ojos de personas con información privilegiada, los conspiradores, y una mujer de mediana edad contemplando su pasado. La novela es, pues, un retrato caleidoscópico del poder dictatorial, incluidos sus efectos psicológicos, y su impacto a largo plazo. Los temas de la novela de incluyen la naturaleza del poder y la corrupción, y su relación con el machismo y la perversión sexual en una sociedad rígidamente jerárquica con papeles de género rígidos.

-      Rodrigo Fresán (1991): Historia argentina.

Rodrigo Fresán pasó buena parte de su infancia y adolescencia en Venezuela, adonde su familia se trasladó a vivir por razones políticas. Lejos de su país, dice Fresán que desarrolló “una especie de negación inconsciente de lo argentino”, tanto más comprensible si se recuerda que, con sólo diez años, fue víctima de un secuestro por parte de la Triple A, un grupo paramilitar de ultraderecha (véase el capítulo titulado “La vocación literaria”). Que su primer libro terminara titulándose Historia argentina fue consecuencia, al parecer, de un reto que Fresán se impuso a sí mismo: el de acertar a contar aquella experiencia inverosímil mucho antes que traumática; el de hacerla narrativamente eficaz. Se trataba de algo tan sencillo, en definitiva, como dejar de tratar a Argentina como problema, por cuanto el problema consistía propiamente en otra cosa: en la forma de narrarla. Fresán ha contado que la clave se la dio la lectura de El sueño de los héroes, de Adolfo Bioy Casares. “A ese libro le agradezco la certeza de que se puede escribir en argentino sin caer en todos los lugares comunes habituales que, sin hacer un juicio crítico al respecto, me resultaban ajenos.” Por lo demás, una vez conjurado el problema de ser argentino, Fresán no tardó mucho en hacer las maletas e irse a vivir a España, donde reside.

-      Vicente Verdú (1996): El planeta americano.

En este ensayo Vicente Verdú nos ayuda a conocer mejor los contenidos sociales, políticos, económicos… de Estados Unidos. De una forma clara, crítica y redundante hace hincapié en la mayor parte de características y defectos de los estadounidenses, de forma que podamos ver las diferencias culturales que tenemos con ellos. El libro se divide en doce capítulos (más la introducción) que abarcan, cada uno, un tema diferente. Nos encontramos así con doce aspectos de los estadounidenses. Entre ellos: El orgullo americano, el amor a Dios, el amor al dinero, la soberanía del capital,  el miedo al crimen se habla de la gran cantidad de armas en los EEUU, el amor al miedo,  el gusto por lo obsceno, la mala alimentación, el odio a los intelectuales, etc. El planeta americano es una conclusión en la que, cómicamente, se idolatra a la hamburguesa, y, más tarde, nos incita a pensar por nosotros mismos para evitar convertirnos en el modelo americano, es decir, para evitar convertir el mundo en el Planeta Americano.



Películas recomendadas

-      Caídos del Cielo (1990), de Francisco J. Lombardi.

Dos ancianos, ex terratenientes, cuya riqueza fue afectada por las políticas de los años 70, dedican su esfuerzo a recuperar su antiguo esplendor, preparando su muerte como un acontecimiento de revancha social. Simultáneamente, uno de sus inquilinos vive su más intensa e imprevisible aventura amorosa, y dos niños, instigados por la delirante circunstancia social, se ven progresivamente inmersos en el universo de violencia que su abuela, una ciega obsesionada con la idea de recuperar la vista, va involuntariamente tejiendo a su alrededor. Las historias avanzan paralelamente formando un entramado donde el humor, y la tragedia social y el apunte amoroso van conformando una mirada a través de tres generaciones sobre la decisiva década de los ochenta en Lima. 

-      Cóndores no entierran todos los días, (1984) de Francisco Norden.

Está basada en la obra homónima del escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal (Tulúa, 1945), ópera prima del director y considerada un hito en la historia del cine colombiano. Es la primera película argumental que se enfoca en los episodios de la violencia en Colombia de los años cincuenta vistos desde la historia de León María Lozano, alias 'El Cóndor'. La Violencia se inicia con el asesinato del caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, comenzando así una época tenebrosa que habría de durar cerca de diez años, tiempo en el que cumplieron un papel importante los asesinos a sueldo: los pájaros.

-      Consuelo (1989) de Luis R. Vera.

Primera película que retrata el retorno de un exiliado a Chile que se convierte en una metáfora sobre el país soñado y recordado y el país real. Manuel vuelve a Chile dejando a Lena, su amor sueco, con la intención de reencontrar a su familia, sus amigos del barrio, su ciudad, Valparaíso, y su gran amor, Consuelo, de quien se separa a causa del golpe militar de Septiembre de 1973. Lo que encuentra Manuel en este recorrido al pasado de su vida se va conviertendo justamente en aquello, un Consuelo a lo que él soñó con encontrar, hasta que Lena decide venirse a Chile.

-      Cuatro días de septiembre (1997) de Bruno Barreto.

Brasil, 1969. Fernando y Cezar son dos jóvenes idealistas que han decidido unirse al Movimiento Revolucionario Ocho de Octubre. Pero su amigo Artur lo considera una idea descabellada y peligrosa, negándose a dejarse convencer por sus amigos. Pronto, los muchachos descubrirán que para pertenecer a este grupo han de cambiar de identidad y renunciar a vivir en sus casas con sus familias. Los ingenuos jóvenes serán usados por la organización para secuestrar al embajador norteamericano en Brasil.

-      El cazador (1978), Michael Cimino.

Tres amigos, amantes de la caza, y que trabajan como obreros en una fábrica de fundición de acero de Pennsylvania, pasan juntos las últimas horas antes de despedirse para ir a luchar como voluntarios a la guerra de Vietnam, un conflicto bélico que les cambiará a todos la vida para siempre.

-      El Padrino (1972), de Francis Ford Coppola.

Años 40. Don Vito Corleone (Marlon Brando) es el respetado y temido jefe de una de las cinco familias de la mafia de Nueva York. Tiene cuatro hijos: una chica, Connie (Talia Shire), y tres varones: el impulsivo Sonny (James Caan), el pusilánime Freddie (John Cazale) y Michael (Al Pacino), que no quiere saber nada de los negocios de su padre. Cuando Corleone, siempre aconsejado por su consejero Tom Hagan (Robert Duvall), se niega a intervenir en el negocio de las drogas, el jefe de otra banda ordena su asesinato. Empieza entonces una violenta y cruenta guerra entre las familias mafiosas.

-      Estación Central Brasil (1998), de Walter Salles.
La historia se inicia con Dora, una profesora retirada que se gana la vida escribiendo cartas en la Estación Central de Río de Janeiro. Es una mujer muy fría y solitaria, por lo que no siente culpa al desechar las cartas por cuyo envío sus clientes pagaron. Una de estos clientes llega con un niño y redacta una carta al padre de este, pero sorpresivamente ella es atropellada por un bus y el niño queda solo en la estación. Eventualmente, ella se lo lleva con una amiga, y allí planea dejarlo en una supuesta casa de acogida donde le ofrecen dinero por Josué, dinero con el cual compra un televisor. Al ver el aparato, la amiga logra hacerla confesar y le hace entender que el futuro de Josué probablemente sea el de tráfico de órganos, por lo que Dora rescata al niño. Sin muchas opciones, decide acompañarlo para buscar a su padre y es durante este viaje en que se percatan de lo valiosa que es la presencia del otro y los dos recuperan humanidad perdida, uno por su repentina orfandad y la otra por su difícil vida. Dora, al creer que encontraran al padre de Josué le insiste en el hecho de que debe olvidarla, pues así ella lo hizo con su propio padre, pero el escenario cambia cuando terminan en el último paradero conocido del hombre y este no estaba. Ante esto, Dora le ofrece a Josué que se vaya con ella para que sean una familia, cosa que ella anhela profundamente. Sin embargo, se encuentran con los medio hermanos de Josué, quienes, sin saber que el niño era su hermano, le ofrecen hospedaje a él y a Dora, quien se presentó como amiga de su padre. Ahí se enteran por medio de una carta de los planes del hombre de vivir junto a todos sus hijos, y Dora decide dejar a Josué junto a sus hermanos, yéndose al amanecer y despidiéndose con una carta en que le explica que ellos le darán la familia que merece y pidiéndole que no la olvide.

-      Estado de sitio (1973) de Constantin Costa-Gavras.

En Uruguay, en el año 1970, un funcionario ligado a la CIA perteneciente a una agencia gubernamental estadounidense orientada al entrenamiento de fuerzas policiales extranjeras, Philip Michael Santore (Yves Montand), es secuestrado por la guerrilla urbana uruguaya (Tupamaros). Luego de interrogarlo, se condiciona su libertad ante el gobierno, a cambio de la liberación de 150 guerrilleros encarcelados. Esta situación desencadena una crisis política de trágicas consecuencias.

-      Eva Perón (1996), de Juan Carlos Desanzo.

La película muestra una Evita valiente, aguerrida y con un gran resentimiento. Refleja más el momento histórico previo a su muerte que la vida de la eterna luchadora. Se enfatiza asimismo la controvertida actividad política de la primera dama del peronismo. Desde sus intenciones de iniciar una lucha armada con el gremialismo, hasta el histórico renunciamiento, el film presenta una Evita tan polémica como verdadera. 

-      Fiestapatria (2007) de Luis R. Vera.

Pretende ser una metáfora de la situación social y moral del Chile post Pinochet. Se trata de una película de ficción en la que aparece un extenso conjunto de personajes, todos representativos de la sociedad chilena actual, para contarnos la historia de dos familias que se reúnen en una casa de campo para celebrar el compromiso de matrimonio de sus hijos, Macarena y Álvaro, y lo hacen de manera coincidente con el día de la fiesta nacional. El cónclave de las dos familias no está exento de problemas, de enfrentamientos entre las experiencias del pasado de los mayores y el desmarque de los más jóvenes, pero el drama se materializará cuando la joven Macarena se entere del secreto más obscuro y mejor guardado de la familia.

-      Guantanamera (1992) de Tomás Gutiérrez Alea.
Yoyita, regresa a sus 67 años a Guantánamo para visitar a su sobrina Gina y encontrarse con Cándido, un antiguo amor de juventud. La repentina muerte de Yoyita provoca el viaje de Cándido, Gina y su marido Adolfo, funcionario del estado, para transportar el cuerpo de Yoyita siguiendo un nuevo plan estatal diseñado para ahorrar dinero en el traslado de los fallecidos. Durante ese viaje, multitud de situaciones cómicas y adversidades complican el éxito de la empresa. Los integrantes de la expedición se encuentran con Mariano y Ramón, dos amigos camioneros con quienes compartirán casi cada parada. Mariano es un antiguo estudiante de Gina que estaba enamorado de ella. El inesperado reencuentro de ambos promete, sin duda, emociones y aventuras. Estos viajes proveen una crítica de los problemas de Cuba.

-      Independence Day (1996), de Roland Emmerich.

En víspera del 4 de julio, unas gigantescas naves espaciales aparecen en el cielo. El estupor inicial se convierte en terror al ver cómo atacan el planeta lanzando rayos destructivos contra las mayores ciudades del mundo. La única esperanza de salvación está en manos de algunos supervivientes, que se unen planeando un ataque masivo contra los alienígenas, antes de que sea demasiado tarde. 

-      JFK (Caso abierto) (1991), de Oliver Stone.

El fiscal de Nueva Orleáns Jim Garrison reabrió el caso del asesinato del presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy y presentó cargos contra algunas personas. Después de entrevistar a numerosos testigos de Dallas y a personas relacionadas con los hechos, mantuvo la tesis de que el magnicidio fue fruto de una conspiración en la que podrían haber intervenido el FBI, la CIA y el propio vicepresidente Lindon B. Johnson.
El magnicidio de Dallas es minuciosamente analizado, investigado y pormenorizado en esta espectacular y compleja producción dirigida con pulso firme por Oliver Stone. Un ritmo trepidante acompaña una historia que atrapa y apasiona a partes iguales, con el regalo de una película casera que mostraba (por primera vez) el asesinato con detalle. Así, una obra monumental que supone un magnífico fresco de la historia americana, y en la que, tras tres horas de excelente cine (en algunos momentos casi semidocumental), se extrae la siguiente conclusión: ninguna conclusión sobre quién acabó con Kennedy es definitiva. ¿Quieren afirmaciones irrefutables? Ahí va una: nunca en los años noventa un Oscar fue tan merecido como el premio al mejor montaje de J.F.K. 

-      Johnny cien pesos (1993), de Gustavo Graef-Marino.

Es un film basado en un hecho real. En 1990, después de solo siete meses de democracia en Chile,  un colegial de 17 años de edad, Johnny García, se ha enrolado en una pandilla de criminales de poca monta para realizar un atraco en un videoclub que sirve como tapadera de un negocio de lavado de dinero. El plan deja de funcionar conforme estaba previsto cuando la banda se ve obligada a tomar rehenes. Cinco minutos después, se ven rodeados por la policía y por una legión de periodistas y de cámaras de televisión que quieren seguir minuto a minuto el secuestro, sin ningún tipo de restricción al sensacionalismo. El morbo se dispara cuando algunos periodistas encuentran el carnet de identidad de Johnny, un menor de edad convertido en atracador con su uniforme de colegial. El videoclub se encuentra en el piso octavo de un edificio en pleno centro de Santiago, muy cerca de La Moneda, y el asunto se convierte en un problema del Gobierno que entiende que debe conseguir cuanto antes una resolución por temor a parecer demasiado débil para defender sus ciudadanos.

-      La boca del lobo (1988), de Francisco J. Lombardi.
Al poco de nacer Sendero Luminoso, el ejército peruano asumió el control de las ‘Zonas de Emergencia’ y en algunos lugares la seguridad nacional se convirtió en asunto psicópata.
En terreno extraño, los destacamentos eran golpeados con astucia y ferocidad por una guerrilla invisible. La respuesta rabiosa, excesiva, caía sobre los campesinos indios, que sufrieron cruel abuso de ambos lados. “La boca del lobo” lo trata a pequeña escala en el poblado de Chuspi (Ayacucho, Sierra Central), donde se acuartela una quincena de militares. En la variedad del grupo se encuentran —bien dibujados los tipos— el recluta ingenuo e idealista, el oficial escrupuloso y cumplidor, el soldado vil, el suboficial prudente y, por último, el teniente fanático, trastornado (Gustavo Bueno lo interpreta con carisma).
El microcosmos se ve poco a poco regido por una combinación de testosterona, alcohol, bajeza y apelaciones a lo macho, en creciente delirio.

-      La deuda interna (1987). de Miguel Pereira.

La deuda interna fue una película aclamada en tiempos de los estertores de la llamada primavera democrática en Argentina. Desde el título, que subrayaba el adjetivo antagónico al fantasma que asolaba al país - las deudas externas con los poderosos-, el film se presentaba como una historia mínima, en un pueblo remoto de la remota Jujuy, Chorcán: un maestro llega de la gran Ciudad para ponerse al frente de la ínfima escuelita rural. Allí establece una relación afectuosa con el pequeño Verónico. En la historia límpida del Chorcán, todo se interrumpe cuando se cruzan las pequeñas y grandes miserias que vienen sin que nadie las llamen. Las dos, en forma de carta –una explícita y la otra no: el maestro es trasladado a Humahuaca y Verónico es reclutado para el servicio militar. Corría el año 1982. Allí, ausentes el uno del otro, el maestro le escribe cartas a Verónico pero él no responde; tanto, que decide pasar como rutina por la oficina de correos a escuchar del empleado la misma palabra siempre: nada. Dicho silencio mueve al maestro a volver al Chorcán, para buscarlo, para saber de él, para encontrarse con una carta, una sola, de Verónico, que informa, al maestro y al espectador de la película, el daño colateral, el por qué de tanto silencio.

-      La Frontera (Xile, 1990) de Ricardo Larraín.

Durante los últimos años del gobierno militar en Chile, Ramiro Orellana es condenado a la pena de relegamiento, un exilio dentro de su propio país. Es llevado a la zona de La Frontera, frías y desoladas tierras que fueron límite entre el dominio español y araucano al sur de Chile, cuya historia está plena de leyendas y maremotos. Allí transcurre este viaje al interior de un mundo de paradojas, que Ramiro va descubriendo a medida que inicia también un proceso de encuentro consigo mismo.

-      La historia oficial (1984), de Luis Puenzo.

En la última etapa de la última dictadura militar argentina, una profesora de historia comienza a darse cuenta de lo acontecido en el país en los años anteriores. El retorno de una amiga exiliada, el descubrimiento de los turbios manejos de su esposo y la aparición de una Abuela de Plaza de Mayo que busca a su nieta son motivos más que suficientes para que la mujer viva una auténtica toma de conciencia política. Segundo largometraje de Luis Puenzo, fue el primer film argentino pos dictadura en tratar con éxito la problemática política del país. Su valentía le hizo ganar muchos premios internacionales, incluido el Oscar de la Academia de Hollywood al Mejor en lengua no inglesa.

-      La ley de Herodes (1999), de Luis Estrada.

En el año 1949 los habitantes de la localidad de San Pedro de los Saguaros decapitan de un machetazo a su alcalde cuando trataba de huir del pueblo con el dinero de las arcas municipales. El licenciado López, secretario del gobernador, decide nombrar a Juan Vargas, encargado de un basurero y antiguo militante del P.R.I., como nuevo alcalde hasta las próximas elecciones en las que él es firme aspirante a la gubernatura del estado. Vargas afronta su misión con las mejores intenciones, hasta que poco a poco va descubriendo los beneficios del poder y la corrupción. Se transforma así en un tirano capaz de todo, incluso de recurrir al crimen, para perpetuarse en el poder. El filme no fue bien visto por las autoridades encargadas de la difusión cinematográfica en México, pues cuando hubo de ser sometida al filtro de la censura, aún se vivía bajo la dictadura de partido ejercida por el P.R.I. y se avecinaba un año electoral, el 2000. Sin embargo, la fuerte presión ejercida por el público -ansioso de ver una película de contenido político sin censura- y por varios medios impresos que se atrevieron a denunciar el bloqueo del cual era objeto, logró que fuera finalmente exhibida en plena época de campañas electorales. Puede considerársela como una de las grandes películas mexicanas de los últimos cuarenta años, no solamente por su calidad y humor irónico y mordaz, sino también por haber influido en muchos votantes para destronar del poder al partido hegemónico al cual retrata de cuerpo entero, con todos sus vicios, defectos y contradicciones. Lo que llama poderosamente la atención es la capacidad de síntesis de la que hace gala, pues refleja fielmente el estilo de gobernar priísta, las relaciones internas de poder en el partido, sus reglas para llevar a cabo la sucesión de los gobernantes, su forma de relacionarse con la iglesia, con la oposición y con los Estados Unidos, y de cómo mediante el autoritarismo y la corrupción, el P.R.I., el gobierno, el estado y sus instituciones, llegaron a convertirse en una y la misma cosa. Y todo, con la finalidad de consolidarse no sólo en la cumbre del sistema político mexicano, sino de constituirlo en exclusiva.

-      La noche de los lápices (1986), de Héctor Olivera.

Recrea un suceso real conocido como la Noche de los Lápices, ocurrido en 1976, durante la dictadura cívico-militar argentina. En dicha ocasión, en septiembre de 1976, durante los primeros meses de la dictadura, siete adolescentes de la ciudad de La Plata fueron secuestrados, torturados y asesinados por reclamar el «boleto estudiantil», una reducción en el precio de los billetes de transporte para estudiantes. La película narra la historia desde el comienzo de las protestas estudiantiles hasta 1980, cuando el único sobreviviente fue liberado. La primera parte desarrolla la actividad de los adolescentes, concluyendo con la razzia en la que fueron secuestrados y encarcelados; la segunda narra las circunstancias de la prisión, la tortura y muerte de los jóvenes, desarrollando paralelamente la situación de los encarcelados, de sus familias y de sus captores. Centrado más en el desarrollo psicológico de los personajes que en el contexto económico y social, la película narra la historia de una manera que podría desarrollarse en cualquier régimen autoritario, concentrándose en la situación de los seres humanos bajo extrema presión.

-      Los chicos de la guerra (1984), de Bebe Kamin.

Los chicos de la guerra narra la historia de Fabián, Santiago y Pablo, tres jóvenes de diferentes clases sociales que fueron enviados a combatir a Malvinas. Alejada del género bélico y más cerca del drama testimonial, este film recorre las vivencias de esos jóvenes en las islas Malvinas, pero también, y con extensión no menor en el relato, se sumerge en el pasado de esta generación: la infancia, la rigurosa disciplina en la escuela,  los amores de juventud, la relación con los padres, son algunos de las escenas que se ensamblan para representar a la Argentina de los años ‘60 y ‘70, donde cobran fuerte protagonismo las prácticas autoritarias vividas por estos jóvenes antes de su experiencia bélica. 


-      Machuca (2004), de Andrés Wood.

Ambientada en 1973 en Santiago, durante la fase final del gobierno de la Unidad Popular liderada por Salvador Allende y las primeras semanas de la dictadura militar comandada por Augusto Pinochet, la película cuenta la historia de dos amigos, uno de ellos muy pobre (Pedro Machuca) quien es integrado en un colegio para niños de clase alta, el Saint Patrick. El proyecto de integración social es encabezado por el director del colegio, el padre McEnroe. La trama de integración social está basada en los acontecimientos que ocurrieron en el Saint George's College, un colegio Católico de clase alta ubicado en el sector oriente de Santiago. Este proyecto fue liderado por el rector, Padre Gerardo Whelan, quien al implementar estas medidas dividió a los padres y tutores del centro, especialmente enemistando a los apoderados más conservadores. Tras el golpe de Estado, el Saint George’s volvió a la situación anterior a la llegada de los muchachos de origen popular y el Padre Whelan fue despedido.

-      Metamorfosis del jefe de la policía política (1973) de Helvio Soto.

A Helvio Soto, su director, todo le salió mal con esta película. Nombrado por Allende director de la Televisión Nacional de Chile, comenzó a rodarla a finales de 1972. Finalizada a mediados de 1973, el Golpe impidió su estreno en Chile. Realizado éste en París, el nuevo clima de acabar con las disensiones internas y unir fuerzas contra la dictadura, fue inhóspito para un film ―aquejado, se dijo, de intelectualismo burgués― que aireaba las divisiones internas de la izquierda chilena. El argumento es inconsistente, manido y forzado. Un hombre en crisis matrimonial, responsable de la policía política del gobierno allendista, tiene una amante que es hermana de un dirigente del MIR, aunque no sabemos hasta qué punto eso influye en sus dudas y sus culpas respecto al curso que debe seguir el proceso.  La crítica cinematográfica fue muy dura con la película, pero además de las tribulaciones ideológicas del personaje central, angustiado por si el pragmatismo del gobierno va a acabar con la izquierda revolucionaria de inspiración guevarista, de los diálogos inverosímiles a propósito de la derecha con vocación autoritaria (directamente fascista para casi todos en aquel momento) y de la izquierda acomodaticia que justifica o legitima la praxis reformista, la película presenta muchas cuestiones de interés para el historiador.


-      Missing (1982), de Constantin Costa-Gavras.

Durante el 11 de Septiembre, Charles Horman y Terry Symon, una pareja de amigos norteamericanos que se encuentran como turistas en Viña del Mar y Valparaíso, se ven sorprendidos por el movimiento de tropas y el golpe de Estado, quedando incomunicados y sin posibilidad de volver a la capital.   Durante esos días, Charly no puede comunicarse con su esposa Beth, que se encuentra en Santiago, y ―como periodista que es― aprovecha para tomar nota en su libreta de cada situación de la que es testigo y de cada información que logra averiguar con militares y otros personajes norteamericanos que se hospedan en el mismo hotel. Pasados algunos días, logran volver a la capital, transportados en el vehículo particular de un militar, el capitán Ray Tower, en medio de un ambiente caótico y confuso, con una ciudad militarizada, donde los partidarios del Golpe festejan a los militares, mientras en las poblaciones más populares se detiene, se secuestra y se tortura a los sospechosos de ser enemigos del nuevo régimen. Una vez en Santiago, el joven periodista y su amiga se reúnen con Beth, ―todos ellos son jóvenes, universitarios y progresistas― y comentan lo que han visto en Viña del Mar y Valparaíso, así como el ambiente que se vive durante esos días en la capital, tras lo cual, deciden abandonar el país.  Esa tarde, Beth es sorprendida en la calle por el toque de queda, viéndose impedida de regresar a su domicilio.  Cuando consigue hacerlo, a la mañana siguiente, encuentra que su casa ha sido violentamente registrada, con todas las cosas revueltas y volcadas por el suelo, y sin rastro de su esposo. 

-      Muerte de un burócrata (1966) de Tomás Gutiérrez Alea.

Francisco J. Pérez, El Tío Paco , trabajador ejemplar de una fábrica de bustos en serie del héroe de la revolución José Martí, cae por accidente dentro de la máquina que él mismo ha inventado y maneja, que lo despedaza y devuelve convertido en el busto que servirá para su propia tumba. Sus compañeros deciden en asamblea relámpago rendirle el mejor homenaje, consistente en enterrarlo con su carnet laboral, símbolo de su condición obrera. Cuando su viuda, acompañada de su sobrino, va a reclamar la pensión a la que tiene derecho, el funcionario de turno le pide el carnet laboral. A partir de ese momento la película encadena una serie de situaciones cada cual más enloquecida en las diferentes oficinas que recorre el sobrino para lograr la exhumación del cadáver y recuperación de la tarjeta, con personajes propios de una comedia negra. Cuando el sobrino, con nocturnidad, trata de recuperar el carnet abriendo la tumba, acaba llevándose al tío a casa, donde es conservado con cubos de hielo, mientras trata inútilmente de enterrarlo de nuevo, pues como dice el encargado del cementerio consultando el libro de registro mientras no conste que ha sido exhumado no se le puede volver a enterrar. El sobrino trata entonces de conseguir una orden de exhumación, que tampoco le sirve de nada y acaba disparatado con tanto trámite imposible, estrangulando al administrador del cementerio, y siendo atrapado por unos loqueros. La película finaliza mientras el cortejo fúnebre del burócrata le conduce a su propio cementerio.

-      No habrá más penas ni olvido, (1974), de Héctor Olivera.

Parrafraseando una frase de Perón, (la que da título a la crítica), y acribillada a balazos, la obra intenta (y valla si lo logra) con un tono satírico.., trasladarnos en el tiempo, a un pueblito de nuestro país (Colonia Vela), donde se mezclan las pasiones de las distintas vertientes de que se componia.., el Partido Peronista allá por 1974, durante el tercer mandato del presidente J.D.Perón.Por un lado está la JP (Juventud Peronista), la policia del pueblo (no del Soviet..), los empleados municipales, un borracho, un piloto idealista, "la pesada" del peronismo (AAA) y los curiosos del pueblo... dándole vida a un film que no tiene desperdicio.Para disfrutar y añorar y como diría alguno; disfrutad de la democracia que la dictadura será peor.

-      Plata dulce (1982), de Fernando Ayala.

La película transcurre durante la dictadura militar del año 1976-1983. Dos empresarios del mueble (Federico Luppi y Julio de Grazia) intentan mantener la fábrica abierta frente a una política económica de desindustrialización. Uno de ellos (Luppi) decide entonces dejar de producir muebles, y dedicarse a los negocios financieros, asumiendo como gerente de un banco, mientras el otro se empeña en continuar con la fábrica. Al principio los hechos parecen darle la razón al primero, que mejora notablemente su nivel de vida: auto nuevo, casa nueva, amante. Al poco tiempo, sin embargo, el banco cierra sus puertas y los "dueños" desaparecen, dejando como único responsable al gerente interpretado por Luppi.

-      Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964), de Stanley Kubrick.

Convencido de que los comunistas están contaminando los Estados Unidos, un general ordena, en un acceso de locura, un ataque aéreo nuclear sorpresa contra la Unión Soviética. Su ayudante, el capitán Mandrake, trata de encontrar la fórmula para impedir el bombardeo. Por su parte, el Presidente de los EE.UU. se pone en contacto con Moscú para convencer al gobierno soviético de que el ataque no es más que un estúpido error. Mientras tanto, el asesor del Presidente, un antiguo científico nazi, el doctor Strangelove, confirma la existencia de la “Máquina del Juicio Final”, un dispositivo de represalia soviético capaz de acabar con la humanidad para siempre. La más demoledora sátira sobre la guerra fría y el peligro atómico de la historia del cine. El genio creador de Kubrick desborda en cada secuencia y alterna farsa y drama, crítica ácida y apabullante dominio técnico para relatar esta delirante odisea. La puesta en escena resulta un prodigio de imaginación visual, redondea una obra maestra absoluta, divertida y angustiosa a partes iguales.


-      Trece días (2000), de Roger Donaldson.

Crisis de los misiles de Cuba. En octubre de 1962, una serie de fotografías aéreas de Cuba, obtenidas por el ejército norteamericano, revelan que los soviéticos están instalando en la isla armas nucleares que podrían alcanzar gran parte de los Estados Unidos. Para obligar a la URSS a desmantelar los misiles, el presidente John F. Kennedy y sus colaboradores deciden el bloqueo de Cuba. Apasionante recreación de la crisis de los misiles cubanos. En Octubre de 1962 dos semanas pudieron cambiar el curso de la historia. El director Donaldson, sin olvidar la verosimilitud de la historia, consigue un ejercicio vibrante de intriga a la vez que muestra todo lo sucedido en la Casa Blanca en tan angustiosos momentos.


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