jueves, 12 de septiembre de 2013

Abrir las grandes alamedas, 40 años después



Abrir las grandes alamedas, 40 años después El País, Joan del Alcàzar.




La experiencia chilena, la llamada Vía chilena al Socialismo, tuvo unas consecuencias políticas de gran calado en toda la izquierda occidental. Se produjeron —podemos sintetizar— tres tipos de respuesta: primera, la que podríamos llamar de izquierda revolucionaria, partidaria de la lucha armada, convencida de que la dicotomía era revolución o fascismo, y de que nunca se podría alcanzar el socialismo por el mismo camino que se intentó durante los años de la Unidad Popular en Chile; segunda, la ortodoxa, de matriz soviética, que aun valorando la posibilidad de que —al menos teóricamente— se pudiera transitar pacíficamente hacia el socialismo, entendía que había de contemplarse la utilización de la fuerza para defender las conquistas revolucionarias; y tercera, la que se nos antoja más innovadora, la que Achille Occhetto, en sintonía con su predecesor Enrico Berlinguer, denominaría años después, ya en los años 80, un reformismo fuerte:“un reformismo que no se conforma con retoques de fachada, sino que interviene sobre las contradicciones de fondo de la sociedad con propuestas realistas (…), una alternativa democrática y reformadora que tenga como protagonistas a las fuerzas del progreso”.




Artículo completo en El País.

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